Tal vez sea por el hecho de tener tanto gitanillo por el colegio (todo se pega), que la sala de profesores durante el recreo se ha convertido en un mercadillo. Sin ir más lejos, hoy, la directora, sin avisar y a traición, ha aparecido en la sala con una bolsa de plástico amarilla llena de telares de esos que utilizan las mujeres para aparentar ser más bellas, sentirse bien y hacer más felices a los hombres que compartimos nuestro tiempo con ellas. La cuestión es, que si normalmente el recreo se convierte en un mercadillo en el que se intercambian comida, fotocopias, tareas, sustituciones... y se venden y compran consejos, frustraciones, risas y demás... Hoy la situación ha sido, masculinamente hablando, un sálvese quien pueda.
Realmente la escena es muy graciosa: la vendedora, enseñando sutilmente la mercancía, como sin ánimo de venderla, a la vez que habla de las bondades de la misma. La profesora que intentaba leer el periódico, por educación presta atención a la venta ambulante hasta el punto de quedarse bizca. La profesora ilusionada ante la oportunidad (una más) de ponerse mona. El sufrido novio de la anterior (Dios los creo...) que se presta pacientemente al juego regalando los telares a su distinguida. Luego está la que aprovecha la ocasión para recordar que su marido "nunca me regala nada". La que se dedica a observar en silencio, quién sabe lo que piensa. La que no hace ni caso y sigue con lo suyo, con sus monólogos (a la cual somos los demás los que no la hacemos ni caso). Total, que el mercadillo está montado.
Hoy he arriesgado y he decidido regalarle un detalle a mi mujer. Me he adentrado en territorio enemigo y... han llovido las balas. Expresiones como: "Gástate un poco más, hombre, que es para tu mujer", o "Ese color no la pega", o "Da igual que ya tenga algo igual" han caido como bombas dirigidas hacia mi persona, y yo, que sólo quería tener un detalle... Sin embargo, la capacidad de sortear las bombas enemigas y la claridad de ideas de la que hacemos gala los Crespo, me han permitido salir indemne de la dura batalla. He comprado el colgante que más me gustaba, lo he pagado y lo tengo celosamente guardado para regalárselo a mi princesa en el momento más adecuado.
Y volviendo al recreo. Os voy a contar un pequeño secreto para mayores. La sala de profesores tiene como dos ambientes: La mesa grande donde nos sentamos y nos relajamos, leemos el periódico y hablamos nuestras cosas; y la mesa de trabajo en donde hay tres ordenadores. Me encanta sentarme un rato ahí, apartado, y observar desde "lejos" lo que ocurre en la sala, como si se tratara de una obra de teatro y tengo que decir que es bastante mejor que el Cámara café ese de Telecinco (aunque todavía no llegamos a los niveles del Hostal Royal Manzanares).
Realmente disfruto mucho de estos ratos con mis compañeros y agradezco mucho su generosidad al compartir tantas cosas conmigo en esos momentos. En especial su alegría. Las ganas de seguir, la ilusión con la que hacen las cosas y el esfuerzo que dedican a realizar bien su trabajo bien merece el descanso que a media mañana nos damos. A todos los que pasáis por ahí, gracias.
Por cierto, los fondos recaudados por la venta de los abalorios van directos a Perú, que es de donde vienen.

