jueves, 29 de enero de 2009

EL MERCADILLO DE LAS 12:00

Tal vez sea por el hecho de tener tanto gitanillo por el colegio (todo se pega), que la sala de profesores durante el recreo se ha convertido en un mercadillo. Sin ir más lejos, hoy, la directora, sin avisar y a traición, ha aparecido en la sala con una bolsa de plástico amarilla llena de telares de esos que utilizan las mujeres para aparentar ser más bellas, sentirse bien y hacer más felices a los hombres que compartimos nuestro tiempo con ellas. La cuestión es, que si normalmente el recreo se convierte en un mercadillo en el que se intercambian comida, fotocopias, tareas, sustituciones... y se venden y compran consejos, frustraciones, risas y demás... Hoy la situación ha sido, masculinamente hablando, un sálvese quien pueda.
Realmente la escena es muy graciosa: la vendedora, enseñando sutilmente la mercancía, como sin ánimo de venderla, a la vez que habla de las bondades de la misma. La profesora que intentaba leer el periódico, por educación presta atención a la venta ambulante hasta el punto de quedarse bizca. La profesora ilusionada ante la oportunidad (una más) de ponerse mona. El sufrido novio de la anterior (Dios los creo...) que se presta pacientemente al juego regalando los telares a su distinguida. Luego está la que aprovecha la ocasión para recordar que su marido "nunca me regala nada". La que se dedica a observar en silencio, quién sabe lo que piensa. La que no hace ni caso y sigue con lo suyo, con sus monólogos (a la cual somos los demás los que no la hacemos ni caso). Total, que el mercadillo está montado.
Hoy he arriesgado y he decidido regalarle un detalle a mi mujer. Me he adentrado en territorio enemigo y... han llovido las balas. Expresiones como: "Gástate un poco más, hombre, que es para tu mujer", o "Ese color no la pega", o "Da igual que ya tenga algo igual" han caido como bombas dirigidas hacia mi persona, y yo, que sólo quería tener un detalle... Sin embargo, la capacidad de sortear las bombas enemigas y la claridad de ideas de la que hacemos gala los Crespo, me han permitido salir indemne de la dura batalla. He comprado el colgante que más me gustaba, lo he pagado y lo tengo celosamente guardado para regalárselo a mi princesa en el momento más adecuado.
Y volviendo al recreo. Os voy a contar un pequeño secreto para mayores. La sala de profesores tiene como dos ambientes: La mesa grande donde nos sentamos y nos relajamos, leemos el periódico y hablamos nuestras cosas; y la mesa de trabajo en donde hay tres ordenadores. Me encanta sentarme un rato ahí, apartado, y observar desde "lejos" lo que ocurre en la sala, como si se tratara de una obra de teatro y tengo que decir que es bastante mejor que el Cámara café ese de Telecinco (aunque todavía no llegamos a los niveles del Hostal Royal Manzanares).
Realmente disfruto mucho de estos ratos con mis compañeros y agradezco mucho su generosidad al compartir tantas cosas conmigo en esos momentos. En especial su alegría. Las ganas de seguir, la ilusión con la que hacen las cosas y el esfuerzo que dedican a realizar bien su trabajo bien merece el descanso que a media mañana nos damos. A todos los que pasáis por ahí, gracias.
Por cierto, los fondos recaudados por la venta de los abalorios van directos a Perú, que es de donde vienen.

miércoles, 28 de enero de 2009

ENCONTRARSE A UNO MISMO.


Una de las bondades de trabajar como maestro en un colegio, además de las vacaciones que disfrutamos, es la posibilidad diaria que nuestro trabajo nos ofrece de reencontrarnos con nosotros mismos. Los lectores se preguntarán cómo un maestro se puede reencontrar a sí mismo en el aula. Pues a mi me resulta bastante fácil: tarea del maestro es empatizar con sus alumnos, y en mi caso, empatizar con niños de 9 años me devuelve por momentos a mi niñez. A traves de los ojos de mis alumnos veo al niño que llevo dentro y me pongo a pensar, a hablar, a sentir, a reir como el niño que una vez fui. Son muchos los momentos en que los recuerdos (tal vez porque trabajo en el mismo centro en el que un día fui alumno) despistan mi mente y me transportan a una época en la que la inocencia y la libertad reinaban en todos y cada uno de mis dichos y actos. En esos momentos me encuentro conmigo mismo y me veo ahí, sentado, feliz por todo y por nada a la vez, porque sí. Entonces vuelvo a mis taitantos y me digo: ¿qué ha pasado durante todo este tiempo?
Básicamente estoy donde siempre he querido: al otro lado de la clase. Todas mis ilusiones y sueños de niñez se van cumpliendo y voy construyendo otros nuevos. Sin embargo, cada vez que me encuentro a mi mismo, al volver, me doy cuenta que en algún cajón de mi ser "alguien" ha guardado mi libertad, mi espontaneidad; que la necesidad de los demás, de "quedar bien", o simplemente de "no dar que hablar" me ha distanciado mucho del niño aquel que un día fui y que me hizo tan feliz.
Tal vez mi complicidad callada a la dictadura de algunas de las personas con las que he compartido mi tiempo me han hecho más precavido y sobretodo desconfiado. Me doy cuenta que durante mi vida ha habido personas que se han hecho dueñas de mis actos, manejándome a su antojo (reconozco que he sido una persona muy influenciable), pero mis pensamientos, mis sentimientos... Son lo más preciado de mi patrimonio. Poco a poco lo iré compartiendo con vosotros. Al que le guste, genial. Al que no, que cambie de canal.
Una vez escuché que los miedos son los culpables de que no consigas alcanzar tus sueños. En otra ocasión oí que es mejor que no se cumplan tus sueños, pues en ese preciso instante dejarán de serlo. Yo, personalmente pienso que los miedos hacen que cuando alcanzas tus sueños no puedas disfrutarlos: Entonces lamentamos haber cumplido nuestros sueños, y así sucesivamente...
Conozco personas felices con sus sueños, y otras esclavas de los mismos. Tú eliges si sigues siendo un esclavo de tus sueños (y de tus miedos) o por el contrario te liberas de ellos. Dicho así suena fácil, pero hacerlo... es más complicado. YO SIGO EN EL CAMINO.

martes, 27 de enero de 2009

CURSO DE MEDIACIÓN, O DE MEDITACIÓN. ¡DE QUÉ COÑOS ERA ESE CURSO!

Esta tarde los integrantes del claustro de mi querido colegio hemos tenido una experiencia única: hemos podido "disfrutar" de lo que en un vestuario se puede denominar como una bronca de final de partido. La ponente (una señora muy bien educada) ha entrado en el aula, se ha sentado, ha mantenido su mirada perdida en algún lugar del aula (en ese momento se me ha ocurrido comentarle a mi compañera de mesa:"esta tía hoy no tiene ganas de dar clase...") y pasados unos minutos ha empezado a hablarnos como si fuéramos sus alumnos de 1º de la ESO después de montarla en el autobús de vuelta al cole dedicándonos perlas como: "sois un grupo digno de estudio" o "a partir de ahora voy a venir gratis aquí porque sois un reto para mi", recordándonos que tenía mucha prisa porque tenía que acudir a una ponencia en al Universidad...
Te puedes imaginar la cara del personal. Yo, sinceramente, ya me he visto en más de una de estas en mi vida (más adelante os contaré anécdotas de mis diferentes facetas) y realmente no le he dado más importancia que la que se le puede dar a una señora frustrada que repele toda su agresividad en el causante de la misma, y por alguna desconocida razón, nosotros éramos los causantes de dicha frustración. La verdad es que se acercaba más a esa frustración de la mujer que está en la cama con un hombre y el tío es capaz de dejarla a medias (sin ánimo de ofender a nadie). La cuestión es que después del chorreo se despide de nosotros (un rato antes dijo que iba a volver gratis), o que mejor, que contestemos a unas preguntas para reconducir la situación, para acabar pidiendo perdón por el dolor que nos ha causado, pero debemos entender el dolor que la hemos causado a ella... Y al final, cuando recoge los cuestionarios, nos da las gracias por haber participado contestando a esas preguntas. Vamos, que la pobre mujer pasó por todos los estados emocionales que 30 minutos dan de sí y se marchó. Se marchó por donde vino y ahí nos dejó. El bueno del director abrió un pequeño coloquio ante la incredulidad del personal y al final llegamos a la conclusión de que seguro que había un topo un el claustro y que la señora ya venía con las uñas afiladas. Ahora viene lo gracioso del caso y el por qué de su publicidad. Al rato de todo esto entra el administrador (y responsable de formación en el centro) y nos cuenta que él le había comentado que el curso nos estaba pareciendo un poco pobre, que las actividades propuestas muy sencillas y esas cosas normales que se dicen cuando te piden opinión. O si no, que no la pidan. Total, que cuando atas cabos...
Si de algo ha servido este rato es para hacernos ver una vez más la calidad humana del profesorado de mi colegio, que es para que los que ahí estamos nos sintamos orgullosos de pertenecer a ese grupo de locos que a veces alguno con respeto nos denomina como "maestros".

CURSO INÚTIL DE MECANOGRAFÍA

Vais a perdonarme, pero no se me ocurría otra escusa para iniciar este blog que la eterna incumplida inquietud de aprender a utilizar la máquina de escribir. Aquél aparato que todavía descansa en algún rincón de los colegios, esperando le den una digna sepultura. Recuerdo lo difícil que se me hacía acertar con tecla correcta, y que incluso me salían las letras borrosas. Aún recuerdo a Chus (mi profesora de Lengua en 6º de E.G.B.) diciéndome: "Crespo, tienes mala letra hasta con la máquina de escribir".
Hoy en día soy capaz de escribir utilizando cinco dedos. Lo cual no significa que escriba la mitad de rápido que uno que utilice los diez dedos; o que sólo pueda utilizar la mitad del teclado, teniendo que elegir las palabras que incluyan las letras de la mitad ya mencionada. No: simplemente quiero dejar por escrito algunas de las muchas ideas que fluyen por mi cabeza y compartir con todo el que se digne las vivencias de uno que como tú, a pesar de todo, sigue teniendo inquietudes.
Pues ahí va eso. Como diría un maestro: Va por ustedes.
Sólo una pequeña promesa: Dejaré de escribir en este maravilloso medio que la ciencia nos ha dado el día que ya aprenda a escribir con los diez dedos (que dios os pille confesados).
Por cierto: ¿alguno sabría decirme cuantos dedos hay que utilizar para escribir correctamente?