lunes, 2 de febrero de 2009

LA MIRADA DE ROGER



De todos los acontecimientos del fin de semana todos nos quedamos con uno (de los Goya ya hablaremos). La final del Open de Australia. Creo que nunca una noticia de las antípodas llenó más portadas de nuestros periódicos (con permiso de los JJOO de Sidney).
Pero de la final, además de la belleza del deporte y la nobleza de los deportistas, yo me quedo con la mirada de Roger. Sí, digo Roger y no Federer, para diferenciar al tenista del ser humano, aunque ya sé que una cosa va con la otra. Pero no la mirada del hombre que llena sus ojos de lágrimas, no. Me quedo con la mirada perdida a través de su raqueta cada punto que no era capaz de conseguir su objetivo. Esa mirada que parecía buscar explicaciones donde sencillamente no las había, esa mirada llena de desconcierto por el qué estaré haciendo mal, esa mirada que reflejaba los miedos por esa impotencia originada por la incapacidad de ganar un punto tras otro, un juego tras otro, como en los demás partidos. Y es que el bueno de Roger todavía no se ha dado cuenta que necesita algo más, no le han dicho que sencillamente Rafa es mejor y que si quiere volver a ser el número uno no basta con hacer lo que hacía antes.
En deporte (como en la vida) nada es absoluto. Todo va cambiando. Donde hoy ganas, mañana pierdes, lo que un día te lleva a la victoria, mañana provoca tu derrota. La capacidad del deportista (o de un equipo) de entender lo que está pasando y su adaptación a esa realidad es clave en el éxito o fracaso deportivo y humano. Roger, sencillamente tendrá que mejorar su tenis. Mientras tanto, Rafa, seguirá progresando, mejorando, porque lejos de lograr todo a lo que aspira, todavía se ve en el camino. ¿Cuanto durará su reinado? No lo sabemos, porque no depende sólo de él.
Me ha sorprendido que la mirada de la que os hablo no se encuentre en internet (si alguno de los lectores la encuentra me la mande, por favor). Los medios de comunicación sólo nos muestran los resultados, o victorias o derrotas, o ganas o pierdes, y se olvidan del por qué, del proceso de esa victoria, de ese fracaso. Supongo que eso lo dejan para tíos como yo. Lo más parecido que he encontrado es lo que he podido adjuntar a esta reflexión.
Una última reflexión (ya os dejo por hoy): Desde el sofá de casa, o desde la grada, es muy fácil "empatizar" con el deportista y criticar la actuación de uno o identificarse con la actuación del otro. En realidad los niños lo hacen constantemente y no les cuesta nada. Me gustaría hacer referencia al grandísimo sacrificio (yo sólo me puedo hacer una pequeña idea) que supone desarrollar un deporte profesional: vuelos, años de entrenamientos, compromisos, sufrimiento físico, resistencia a la frustración (la tuya y la de tus aficionados), estrés de la competición... Sinceramente, los buenos deportistas se merecen el mayor de mis respetos tanto en la victoria como en la derrota, pues viven en una constante selección derivada de la propia competición y eso, amigos míos, es muy duro...

Felicidades, Rafa.

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