Hace tiempo que no entro a escribir con esta maravillosa herramienta que la ciencia pone a nuestra disposición, pero las obligaciones, compromisos y lo apretada de mi agenda... no lo han permitido... Hasta ahora.
Uno de los motivos de lo apretada de mi agenda es que llevo dos semanas con la rodilla un poco averiada... y estoy intentando encontrar quién me la arregle, hasta ayer.
La cosa es que al salir del colegio fui a visitar al médico del seguro laboral, una prestigiosa compañía aseguradora a nivel nacional, y después de una exhaustiva exploración (radiografías incluídas) llegó a la conclusión de que tenía un dolor desconocido y que tomara antinflamatorios hasta que los síntomas remitieran (¿un par de meses?). La cuestión es que te puedes imaginar: Todos suponemos que el buen hombre, con todos sus libros, con todos sus estudios, con su máquina de hacer radiografías... sólo fue capaz de decirme lo que yo ya sabía: que me duele la rodilla y que debo esperar hasta que deje de hacerlo.
Ya sabéis de mi espíritu inconformista, así que acto seguido, fui a ver a Felipe. Felipe es un señor de 79 años. Muy agradable, con ese humor característico de los señores de 79 años, sin maldad, que lo primero que me dijo es que dejara la cartera en cualquier parte que en su casa nadie roba, excepto él. Yo le contesté que si me cura la rodilla, bendito sea el atraco, que le daba la cartera, el bolso y le hacía una tarta por su cumpleaños, al o que el buen hombre me respondió,que la tarta para otro día, que por su cumpleaños ya tenía muchas tartas de otros tantos incrédulos como yo.
Me empezó a explorar la rodilla, con unas manos llenas de muñones, aunque suaves, y me explicó dónde estaba el "zendón retuliano", "la rétula", o los "miniscos". Estaba a punto de tirarme al suelo de la risa (o del daño que me estaba haciendo el jodío) cuando de repente me dice: aquí está el mal. Es el nervio que va al dedo gordo. Fue tocarlo y se me durmió el pie. Por un momento pensé que me dejaba cojo. Sin embargo, después de un minuto tocando me dice: Ya está. Ponte de cluquillas a ver si te te duele. ¡Qué cabrón! pensé para mi. No me duele. El hombre sonrió y me dijo. Es posible que mañana te duela un poco porque se haya descolocado con la vena que pasa por ahí. Me fui a casa y la verdad es que todavía me duele un poquito. Hoy volveré y ya os contaré.
Esta pequeña anécdota me hace pensar en qué estamos haciendo. En la sociedad de la información la tecnología y la calidad la estructura social que entre todos hemos creado se desmorona cuando un señor de 79 años, que apenas sabe hablar (supongo que mucho menos escribir) diagnostica y cura como ningún médico pudo hacerlo durante las dos semanas anteriores, y es que a veces lo sencillo es muy difícil y la evaluación de resultados no necesita de cuestionarios. Ni el buen servicio está relacionado con las herramientas que posées. Simplemente, en muchos casos, el valor de una persona está en lo que es capaz de hacer (su formación) y no en todo lo que sabe o puede llegar a saber ( su información).
Para mi fue toda una lección. Seguro que para ti, también.
Por cierto, el atraco fue de 10 Euros.
Y ahora te duele o no?! ;-)
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